domingo, 20 de octubre de 2013

Encuentros con Octavio Gómez Milián: Torrero y Calatayud

el próximo miércoles 23 de octubre a partir de las 19h estaré en la Biblioteca Fernando Lázaro Carreter de Zaragoza (C/Monzón 3, Barrio de Torrero) dando una charla: Literatura y música, la extraña pareja. Hablaré de la relación entre la poesía y la canción en la historia reciente de la civilización occidental, desde los cincuenta hasta ahora, haciendo especial hincapié en la tradición española, desde los cantautores y la Movida hasta la actualidad.

Se trata de una actividad incluida en el ciclo de Conferencias, encuentros y performances realizados en colaboración con el Grupo Hélice


y el viernes 25 de Octubre, dentro del ciclo Copa de Letras que coordina Blanca Langa, estaré en el Hotel Fornos de Calatayud a partir de las 19h junto a Luis Bazán Francisco Javier Aguirre. Hablaré del proceso de creación, de los relatos incluidos en mis últimos dos libros, Todos los vampiros quieren ser estrellas del rock y Amor analógico. Cultura pop y literatura.

sábado, 12 de octubre de 2013

Elogio de Álex

Iba a titular la columna de esta semana "Elogio de de la Iglesia", pero se me complicaba la repetición de preposiciones y, además, como los comandos anarquistas están llenos de analfabetos funcionales que no saben distinguir a un fascista aunque estén mirándose al espejo, he decidido encabezar el texto con algo más ambiguo. Álex de la Iglesia ha vuelto a dar en el clavo, sus "Brujas de Zugarramurdi" es una de las grandes películas de la temporada, de entre las españolas, la mejor que he visto desde “Extraterrestre” de Nacho Vigalondo. De la Iglesia, gamberro, sarcástico y cainita, dibuja un friso que parece atemporal pero que muestra un presente casi distópico: Un Madrid sepia de tiendas de compra-venta de oro frente a la exuberancia verde y tenebrosa del Norte de España, encerrado en una tradición de cintas VHS, ventrílocuos y caldo para aliviar el asma del alma. El humor, el enfrentamiento generacional, el aislacionismo -ya sea en una aldea de la Navarra más profunda o en el populoso barrio de Aluche-, los mitos y la tradición son el combustible de una obra con segundas lecturas. Álex de la Iglesia, que toma la tradición anglosajona y la desmenuza insuflándole una plasticidad castiza, vuelve a destacarse como el director que sacará de la mediocridad y la repetición de esquemas al cine español. Porque Álex de la Iglesia, de Bilbao, ama España...la ama como la amamos todos, con sus defectos y miserias, desenfocada y miserable, perpetuamente atrapada en un camino de no retorno: la entropía incontenible que se vislumbra en la Andalucía de “800 balas” o la decadencia de los centros comercionales en la hitchcockiana "Crimen Ferpecto" -¡Ay, ese Willy Toledo perdido para el arte en la cruzada imposible de la salvación stalinista!- o el demoledor comienzo de "Balada triste de trompeta", resumiendo el Franquismo en unos títulos de crédito de menos de un minuto. En la memoria, la serie zeta con "Acción Mutante" o la adptación de Barry Gifford en "Perdita Durango" con más mala baba que David Lynch en "Corazón Salvaje". Alex de la Iglesia, enfrentado a las mafias del baile, devoto consumidor del cine para adultos, ex-fanzinero en rehabilitación, devorador de cultura pop, la penúltima esperanza blanca del cine español.


Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del jueves 10 de octubre

sábado, 28 de septiembre de 2013

Casavella y los Gasol

En estas últimas semanas he vuelto a uno de mis autores de cabecera, Francisco Casavella. El último maldito, el barcelonés errante, dotado de una pluma superlativa que le hizo entregar obras magníficas como “Un enano español se suicida en Las Vegas” o mi favorita: "Quédate", donde retoma un imaginario barcelonés que lo entronca con otros grandes creadores: el Turó Park, el Barrio chino o los punk rockers enamorados que escuchan a los Clash. Casavella, como Loquillo o el autor del Makinavaja, el desaparecido Ivá, habla de una Barcelona cosmopolita, pero también de barrio y memoria, perfectamente emparentada con el resto de España por esas redes subterráneas de sangre, charnegos y equipos de fútbol. Ninguno parecía sufrir en sus carnes el hastío españolista y salvo apostátas de la rumba de última hora, es algo que parece común en la obra de los artistas catalanes. Y es que partiendo de que cualquier conflicto territorial, desde Gibraltar a la inmolación euskaldun que trae la desaparición del equipo ciclista Euskaltel, tiene carácter de cortina de humo, la idea de unos hijos de España orgullosos de su patria parece una distopía en el presente, una contradicción andante donde el independentismo, con su carácter cainista, es lo más español que queda en la piel de toro. Es una sensación de amancebamiento entre regiones, caduca y llena de alcanfor, la que nos llega a los españoles: nos roban, les roban, miles de informes firmados por universidades de siglas repetidas, públicas y privadas, economistas mediáticos que demuestran una cosa y la contraria con solo cambiar de canal o de periódico y sobre todo "profesionales de reconocido prestigio" que emiten juicios contradictorios sobre la viabilidad histórica y política del proceso secesionista. La contradicción llega hasta mí: zaragozano, aragonés, español, que ya no sé decidir si el problema es suyo, si lo es mío o si en realidad es un problema. Entristecido, preocupado por la mayoría callada y el miedo que alimenta su silencio, lo único inamovible, y te lo digo muy claro, Oriol, si al final nos separamos, para ti Piqué y Carles Pujol y para mí los Gasol. Eso sí que es innegociable.

Columna publicada en el Heraldo de Aragón del jueves 26 de septiembre de 2013

domingo, 22 de septiembre de 2013

Sobre Amor analógico


Muchas gracias a todos por vuestro apoyo: hemos agotado la edición especial de libro-discos y el pasado sábado fuimos muy felices en la presentación en Portadores de Sueños, a los que doy las gracias especialmente. También, por supuesto a David Mayor, que hizo una presentación generosa y muy cariñosa. A mis queridos Enrique, Víctor, Juan Luis y Manolo. A los músicos y a Javier Aquilué que hizo unas ilustraciones preciosas.

Coloco alguna de las reacciones que han aparecido en prensa: Una nota estupenda escrita por la web Zaragozafelizfeliz , Pablo Lorente, desde Diario Aragonés, en el Periódico de Aragón, en el blog del Capitán Lillo, Mondo Sonoro y en Artes y Letras de Heraldo de Aragón (que me mandó fotografiado Juan Luis Saldaña...)

Estoy muy orgulloso de esta entrevista en Paisajes eléctricos

También darle las gracias a Carlos Espatolero y todo el equipo de Aragón Fin de Semana por la entrevista que me hicieron el mismo día de la presentación: descargar

viernes, 6 de septiembre de 2013

El último vals del Indio Díaz

El final del verano coincide con mi cumpleaños y este año me han hecho el mejor regalo en mucho tiempo: un abono de temporada para el CAI Zaragoza. El baloncesto es grande, muy grande: con su épica de partidos trepidantes, con su panteón mítico de enormes individualidades y ese alejamiento mediático que supuso para mi generación la NBA. Cuando estoy un poco bajo de ánimo, se lo voy a confesar, me pongo en Youtube el concurso de mates del All Star del 2009, el día que Rudy Fernández hizo su primer mate con la camiseta de Fernando Martín (con tilde en la i, claro). Todavía soy capaz de recordar uno a uno a los jugadores del equipo que hizo el ridículo en el mundobasket de Argentina 90 o el que perdió con Angola en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Emocionarse con las derrotas es signo de madurez...o eso dicen. En la temporada 90-91, con el Pabellón Príncipe Felipe recién inaugurado, mi padre y yo cogíamos la línea 40 desde la Plaza de San Francisco hasta la Avenida San José con Cesáreo Alierta y caminábamos hacia la Granja, donde se alzaba el imponente polideportivo. Aunque años después disfrutaría de los conciertos de Leonard Cohen o Miguel Ríos, los primeros momentos de pasión entre esas cuatro paredes fueron aquella temporada. Era la época del segundo advenimiento de Kevin Magee y mi último año de EGB. Ruiz Lorente o Fran Murcia, Lucio y Alberto Angulo, Aitor Zárate que vino para diez días, Dani Álvarez que estudiaba ingeniería en el Centro Politécnico Superior, José Miguel Hernández cedido un año en el Magia de Huesca, todos tienen un hueco en mi memoria. Después, parpadeo un segundo y tengo treinta y cinco años y espero las listas de interinos de secundaria cruzando los dedos para tener algún destino. Aunque este curso, por lo menos, volveré al Felipe.

Columna publicada el 1 de septiembre del 2013 en el Heraldo de Aragón

sábado, 24 de agosto de 2013

La playa

Hay canciones de verano y canciones para un verano. De las primeras hemos podido escapar en mayor o menor medida estos últimos años y las segundas te atrapan para siempre: "El verano que estuviste en la playa/Y yo estaba solo en casa/sin saber lo que pasaba/y no me llamaste ni una sola vez". Así empezaba La playa, la canción que los Planetas grabaron en Nueva York en las Navidades del año 1997 y que luego sería uno de los singles del majestuoso LP "Una semana en el motor de un autobús", editado al año siguiente, como "El escarabajo más grande de Europa" de El Niño Gusano. Fue un buen año ese 1998, la verdad. Todavía recuerdo la cinta de cassette TDK de 60 minutos y el walkman que me acompañaba en el recorrido de la línea 20 desde casa de mis padres hasta la escuela de Ingenieros. La mítica línea 20 ha desaparecido devorada por el tranvía y el Actur ya no es el barrio alucinado y con un punto kafkiano del que hablaba Manuel Vilas en estas mismas columnas. También aquella canción, La Playa, se ha convertido en la banda sonora perfecta para recordar el final de los veranos de mi generación. Una historia de desamor postadolescente, de incomunicación en la era pre-internet, cuando la gente mandaba cartas y si te marchabas de viaje al extranjero utilizabas la llamada a cobro revertido desde una cabina. Si mis padres escuchaban "El final del verano" del Dúo Dinámico con la llegada de septiembre, yo acudo a Jota y sus chicos. El escritor y ensayista Eloy Fernández Porta defiende que se considere a los Planetas como un referente de la cultura española a la altura de San Juan de la Cruz. No sé si es cuestión de echar carreras para ver quién sale en más páginas de la Rolling Stone, pero está claro que la vida sería mucho peor sin los discos de los Planetas. Les dejo, aunque a todo el mundo le cuento que estoy estudiando exámenes, en realidad me dedico a defender a Ben Affleck como Batman en los foros de la red. Todos tenemos una personalidad secreta. Hay que ser flexibles.