Los amantes de los ochenta estamos de
enhorabuena. Estricnina, fanzine de Ruidos y Danzas recoge en edición
facsimil el integral de la revista coordinada por el periodista
musical Rafa Cervera entre los años 1982 y 1984. Editado a través
de la tienda on-line que la revista EFE-EME ha puesto en marcha (y
que complementa, por cierto, con propuestas de recuperación de
vinilos y libros musicales de altísimo interés y de una manera muy
cuidada y precisa), la reedición no puede ser más ochentera.
Estricnina, fanzine de maquetación caótica, de grapa y
fotocopia-collage, contiene la base de toda la modernidad española
de época: punkies de antes de la heroína y el calimocho, con las
Vulpess o Parálisis Permanente, chicas peligrosas, chicas hermosas,
de Poison Ivy de los Cramps hasta la portada de la impresionante Ana
Curra, miembro de Pegamoides y novia de Eduardo Benavente o Alberto
García-Alix. Personajes claves de nuestra cultura pop: Santiago
Auserón contestando de manera sucinta las entrevistas (sin bosquejar
una tesina) o la constatación de que Fernando Márquez “El Zurdo”
es un genio perdido capaz de mofarse de la leyenda que lo situaba
primero en Falange española y después en Herri-Batasuna. Un momento
y un lugar. La inocencia del cad
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sábado, 18 de julio de 2015
sábado, 12 de octubre de 2013
Elogio de Álex
Iba a titular la columna de esta semana "Elogio de de la Iglesia", pero se me complicaba la repetición de preposiciones y, además, como los comandos anarquistas están llenos de analfabetos funcionales que no saben distinguir a un fascista aunque estén mirándose al espejo, he decidido encabezar el texto con algo más ambiguo. Álex de la Iglesia ha vuelto a dar en el clavo, sus "Brujas de Zugarramurdi" es una de las grandes películas de la temporada, de entre las españolas, la mejor que he visto desde “Extraterrestre” de Nacho Vigalondo. De la Iglesia, gamberro, sarcástico y cainita, dibuja un friso que parece atemporal pero que muestra un presente casi distópico: Un Madrid sepia de tiendas de compra-venta de oro frente a la exuberancia verde y tenebrosa del Norte de España, encerrado en una tradición de cintas VHS, ventrílocuos y caldo para aliviar el asma del alma. El humor, el enfrentamiento generacional, el aislacionismo -ya sea en una aldea de la Navarra más profunda o en el populoso barrio de Aluche-, los mitos y la tradición son el combustible de una obra con segundas lecturas. Álex de la Iglesia, que toma la tradición anglosajona y la desmenuza insuflándole una plasticidad castiza, vuelve a destacarse como el director que sacará de la mediocridad y la repetición de esquemas al cine español. Porque Álex de la Iglesia, de Bilbao, ama España...la ama como la amamos todos, con sus defectos y miserias, desenfocada y miserable, perpetuamente atrapada en un camino de no retorno: la entropía incontenible que se vislumbra en la Andalucía de “800 balas” o la decadencia de los centros comercionales en la hitchcockiana "Crimen Ferpecto" -¡Ay, ese Willy Toledo perdido para el arte en la cruzada imposible de la salvación stalinista!- o el demoledor comienzo de "Balada triste de trompeta", resumiendo el Franquismo en unos títulos de crédito de menos de un minuto. En la memoria, la serie zeta con "Acción Mutante" o la adptación de Barry Gifford en "Perdita Durango" con más mala baba que David Lynch en "Corazón Salvaje". Alex de la Iglesia, enfrentado a las mafias del baile, devoto consumidor del cine para adultos, ex-fanzinero en rehabilitación, devorador de cultura pop, la penúltima esperanza blanca del cine español.
Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del jueves 10 de octubre
Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del jueves 10 de octubre
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