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viernes, 22 de marzo de 2013

Escombros

Hay luces que se apagan por sorpresa, amigos que escapan entre tus dedos antes de que puedas cerrar las manos. También voces que buscan el silencio por sorpresa. No es nada nuevo que la muerte sigue rondando en estos años terribles. El final de la inocencia llega, siempre demasiado rápido, siempre a contrapelo. Hace unos pocos días hablaba con Antonio Pérez Morte, con el reflejo de la pantalla iluminando de un gris fosforescente la habitación. Él me contaba que la pena le había atrapado, inmisericorde, vulgar y rabiosa como es la pena cuando la produce la gente que quieres. Yo trataba de darle ánimos, le pedía que dejara pasar las aguas llenas de lejía oscura. Antonio, siempre generoso, me había dedicado un poema de su último libro, Escombros. Se llamaba Vivir era difícil. Yo le escuchaba algunas noches, con la madrugada avanzada, me hablaba de su familia, de sus hijos, de la risas compartidas con amigos comunes como Gabriel Sopeña. Era un poeta zufariense que a veces también me hablaba de mi propia familia, de los años antes de que todo empezara. Cada hombre es un proyecto inacabado donde la muerte arruga las páginas celebrando el desorden. Estremecido por una ausencia súbita, la de una voz referente en la poesía aragonesa contemporánea, un hombre que hablaba con pasión de lo efímero del momento, de sus amigos, amigos que construía en una comunión de versos y palabras siempre generosas. Ahora la distancia que nos separa es mucho más que unos cientos de kilómetros, Antonio, ahora vuelvo a leer tus poemas y encuentro, como otras veces entre las líneas que dejaron los amigos ausentes: No sabíamos que vivir era difícil /vinimos sin presente bajo el brazo y sin manual. Te extrañaré maestro. Descanse en paz.

Columna aparecida el jueves 21 de marzo de 2013 en el Heraldo de Aragón. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Como una cervatana: Loquillo rockandroll star

 
 
Hace unas semanas apareció el libro de fotografías Loquillo Rock&Roll Star, editado por Martínez Roca. Tres décadas de estampas del rockero del Clot, una presencia magnética, una potencia visual absoluta recogida en sus páginas: Desde sus comienzos de punk-rocker enamorado junto a Sabino Méndez, definiendo el concepto de ciudad sumergida; junto a Gabriel Sopeña, incendiando de poesía electrificada los escenarios y en los últimos años, a la diestra el desaparecido Guillermo Martín, a la siniestra el dandy Igor Paskual, admitiendo su gusto por las formas clásicas, incisivo en la apuesta por el rock mediterráneo a la manera de Johny Hallyday. Aristócrata máximo del rock español, aristócrata sin título, chulesco, charnego, cosmopolita, la presencia mediática de Loquillo es imprescindible para entender una suerte de rebelión cívica activa: desde sus raíces de republicano militante ha sabido mantener un punto de distancia frente al nacionalismo en Cataluña, negro sobre blanco, cuando los biempensantes y políticamente correctos mantenían un silencio culpable. El gran bocazas, como cantaban los Smiths, atacando una y otra vez. Buceo entre las páginas de Loquillo Rock&Roll Star y descubro estampas de angry men junto a Luis Alberto de Cuenca, la reivindicación claroscura de la obra de Truffaut, vencedores en una revuelta que terminó antes de comenzar. Loquillo, que siempre amenaza con pistolas descargadas, cada vez más cerca del tango que del ruidismo, del crepúsculo que de la alta madrugada. No hay nuevas olas cuando has contemplado mil veces el mar. Yo te saludo, Loco, gracias por enseñarme el camino. Y a posar en las fotografías.
 
Columna apareciada en el Heraldo de Aragón, en el suplemento Artes y Letras del 13 de diciembre de 2012 

sábado, 1 de septiembre de 2012

S02E06:Despida analógica en Can Tuyus

 
Con pena, con alegría, con una sonrisa a media tarde, así nos despedimos de Miqui y de Carol, del punkrocker enamorado coleccionista de sonrisas y vinilos en la segunda temporada de Can Tuyus. Te escribo una carta, amigo, y te la leo en directo, te pongo el walkman pegado al auricular y escuchamos la versión de Cass de Mas Birras, José Luis Rodríguez García y Gabriel Sopeña, cantan y tocan Pablo Malatesta y Luis Cebrián, te leo una carta: Creo en el vino, el tecnopop y el yeyé, las películas de zombies, las mujeres y los tebeos. Creo en el las cintas VHS dentro del vídeo para grabar videoclips por sorpresa o el final de una etapa del tour de Francia, creo en las cintas TDK, en las verdaderas mixtapes, en los EP´s de vinilo, en la familia y en los amigos que han tenido hijos y siguen tocando la guitarra y yendo a ver el baloncesto. Creo en los trenes baratos, la rumba, la soda, los fanzines y las copisterías, creo en Leonard Cohen y Javier Carnicer, en los Smiths y los Golpes Bajos, en Sergio Algora y Félix Romeo, los maíces, las librerías de saldo, en Huesca, en Logroño, en los viejos clubs, creo en el spoken word, el menú del día en un japonés, las americanas, los botines, las tazas para el té y el café, el continente a la altura del contenido...creo en Gainsbourg, Allen y Truffaut, creo en ti, Miqui...y sobre todo, creo en los programas de radio de madrugada, porque sin ellos no habría vida o sería mucho más aburrida.

Nos vemos en nada, nos llamamos en nada...antes de que despierte la primavera.