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lunes, 13 de agosto de 2012

Un relato (con ilustraciones de Charly Aquilué) en Black Pulp Box

Hace ya unos meses mi colega Vicente Muñoz Álvarez me pidió un relato para la antología más ambiciosa, pulp y salvajemente funkie que he tenido el gusto de participar: Black Pulp Box. Imagínate una película de Shaft pero con banda sonora de algún combo perdido de sonido Caño Roto...imagínate a un antiguo dandy decadante, ex de todas las cosas buenas y nocivas de la tierra, de viaje por Amsterdam buscando un viejo single de vinilo de una banda que juntaba la rumba catalana con los pedales wahwah, imagina a una estrella del pop como coprotagonista, imagina una canción del Niño Gusano con nombre de animal, imagina ese animal acercándose al protagonista del relato en uno de los canales, imagínate un tipo que copia el estilo de Irving Welsh es una habitación de hotel barato mientras comprueba los resultados de ciclismo en el ordenador de recepción, imagínate que llama a Charly Aquilué antes de Bicaberut y le pide que le haga las ilustraciones. Más o menos eso, en un sobre, con un sello, fue lo que le mandé a Vicente...ya está a la venta en Zaragoza...

lo he visto en el Tajmahal. Merece mucho la pena.


domingo, 12 de agosto de 2012

Hand in glove (un relato)


 dedicado a Miqui Puig y Miguel Mena
 (porque la vida poniendo canciones de los Smiths 
en la radio es mucho mucho mucho mejor)

La diva estaba preparándose un té en la cocina de su casa. Caminaba descalza por el pasillo con la taza de té en la mano cuando sonó el teléfono. Aceleró su paso para alcanzar el auricular justo antes del cuarto toque. Sus hijos veían la televisión sentados a los pies del sofá y tuvo que pedirles que bajaran un poco el volumen.

-Dígame
-Perdón, buenas tardes-una voz joven y nerviosa acumulaba palabras al otro lado de la línea-¿Es usted la señorita Shaw?
- Sí, soy Sandie Shaw y ¿usted es?
- Eh, sí, Mrs Shaw, me llamo Johnny Marr y toco la guitarra en una banda que se llama The Smiths, no sé si nos conoce...
- No, no tengo el placer, ¿perdone, cómo ha conseguido este número?

Al otro lado de la línea Johnny Marr apartaba a Morrissey que, a pesar de no haber querido ponerse al teléfono no paraba de decirle cosas al oído:

-Johnny, dile que tenemos una canción que se llama Jeane...pero díselo, Johnny, dile que hemos escrito una canción para ella...pero que puede cantar cualquiera, cualquier canción...
- Steve -todo el mundo sabe cuánto odia Morrissey que lo llamen por su nombre de pila- si no te calles no nos va a hacer ni caso
- Pero dile...

Sandie Shaw se impacientaba, sus hijos querían ver los dibujos animados, el té se le enfriaba y había un jovencito al otro lado de la línea que quería convencerla para que volviera a cantar. ¿The Smiths? No le sonaban de nada...qué nombre tan vulgar pensó. 

-Mire, estoy ocupada, voy a colgar.
-No, no, por favor, espere...ahora se pone el cantante, ya verá, es una canción preciosa...la hemos escrito para usted.


Marr le ofreció el teléfono a Morrissey que, tímido, muy tímido, negó con la cabeza. No se pondría al teléfono por nada del mundo y menos si estaba Sandie Shaw al otro lado. Marr, cabreándose por momentos y sin acabar de ver el sentido punk del asunto volvió a intentarlo:

-Mrs.Shaw, mire, somos grandes fans suyos y nos gustaría mucho que, por lo menos, escuchara la canción que hemos escrito.


(Johnye, Johnye, dile que tenemos más, que puede cantar la que quiera...cállate Steven)

Sandie Shaw, un poco sorprendida por la insistencia de aquellos muchachos y con ganas de terminarse el té antes de que se convirtiera en un líquido helado imposible de beber, le contestó:

-Está bien, escucharé la canción...

Y el resto es historia.

jueves, 2 de agosto de 2012

Budapest


En Budapest no debería haber hecho tanto calor. Las temperaturas más altas de los últimos cien años. Cien años, el aire acondicionado de la habitación silbaba la cifra, luego el periodo de tiempo. Cien años de calor, comunismo, pornografía y guías de viaje. Reventado por la desintoxicación, no hay canciones pop porque no hay diales que girar. Pido café, pido expresso porque no sé hablar inglés, no sé hablar el inglés que se habla en Budapest. Ana sigue bailando bajo cada hora que cae desde el reloj. Del comunismo a la pornografía hay un paso pequeño, conceptos paralelos: ambos solo los disfrutan los enfermos que lo miran desde fuera. A mí, sinceramente, me gusta más la pornografía que el comunismo. En las escaleras mecánicas del metro apartas mi mano cuando trato de ayudarte, parece que las cosas han cambiado, dime que escriba...antes de conocerte ya era un fracaso andante, como el comunismo, como esta ciudad que no sabe cantar, así que no puedo echarte la culpa de todos estos meses gafando cada uno de los días. Cuando salimos del subterráneo el cielo de Budapest se abre con la rabia de cien años de silencio y frío y frío silencioso del Danubio. Cierro los ojos frente al sol, sin gafas, busco tus curvas sabrosas en la sombra de una calle. La boca nos sabe a sangre por tanto tiempo sin mordernos. Somos un amor posible, no como Jota y la Bien querida en No sé cómo te atreves. Te cuento que Jota escribió esa canción para que la cantaran Nacho Vegas y Christina Rosenvinge y tú me escuchas con total falta de atención y nada crédula. El tranvía sube hasta los baños Geller, el sudor lo empapa todo, el alma se me resbala a cada paso, en el ipod solo tengo viejos programas de Milenio 3 y el guión de la historia, el que almaceno en la cabeza va perdiendo personajes poco a poco. Voy a terminar yo solo contando esta historia. Budapest, monumental y pornográfica, sin ángeles sobre las alas de los aviones. Llegamos hasta el Parque de la Memoria, comunismo y pornografía, merchandising pop, por fin, todos los personajes de South Park convertidos en adalides del comunismo. Eric Cartman es el puto Josef Stalin y no sé cómo explicártelo...no sé cómo hemos pasado de escuchar a No sé cómo te atreves a Diamantes. No sé cuándo decidimos cambiar Berlín por Budapest. Me gustaría que supieras que siempre acabo chocando con el mismo coche porque soy de los que cierran los ojos en cuanto ven algo que no les gusta. Tanto sol sobre las estatuas soviéticas que cuando impongo mis manos sobre Lenin es él quien me deja marcas en las palmas. Volvemos en el autobús, el soplo revenido del aire acondicionado tiene un aroma pútrido pero divino, creo que te quiero más que hace unos minutos, creo que ahora mismo es el momento que más te he querido en nuestra vida.

Pocas veces he estado más seguro de que tú me salvarías que aquel día en Budapest. No hay estrellas del porno, ni comunistas despistados, ni jugadores de waterpolo, ni compositores de música clásica, ni fanáticos de Berlanga en la búsqueda de los restos del Imperio Austrohúngaro. Hoy es el día de más calor en Budapest en los últimos cien años. Dame la mano, te ayudaré a subir las escaleras mecánicas.