Hace años que Enrique Cebrián es una
firme realidad de la poesía aragonesa. Sus versos, sus palabras, han
entretejido una relación única con la vida, convirtiéndole en un
referente generacional. La chica del verano es un libro de belleza
total. Mientras nos sumergimos en el alma del poeta, vemos a través
de sus ojos, paladeamos las bocanadas de aire que nos regala el mar,
abrazamos pieles conocidas y lloramos pérdidas absolutas. Alejado de
la dinámica intoxicada, de la nocturnidad panfletaria, Enrique
Cebrián agarra las solapas de lo cotidiano, lo hace con fuerza,
marcando de manera imperecedera los pequeños momentos en nuestra
retina. Los taxis, el perfume, el insomnio...el hombre que es padre
cada día mientras se resiste a la tristeza infinita de dejar de ser
hijo. Uno de los libros más hermosos de la poesía aragonesa de l
a
última década.
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sábado, 18 de julio de 2015
domingo, 20 de enero de 2013
Mirar el cielo es un trabajo a tiempo completo: Animales perdidos de Vicente Muñoz Alvarez
Vuelve a la carretera, allí te
encontrarás mejor. Toma el autobús de línea, no te bajes hasta la
última parada...después, allí, en la tierra de las colillas
aplastadas, en el reino de los supermercados de marca blanca, podrás
encontrar a Vicente Muñoz Álvarez, una vez más, en el camino.
Animales perdidos, el nuevo poemario de Vicente Muñoz habla con la
rítmica de Carver de los últimos refugios que nos quedan, de los
oráculos en las estaciones, de los días que pasan, como salidos de
una fotocopiadora estropeada, uno tras otro, repetido. Vicente Muñoz
llama al viento del norte por su nombre, escribe como si nunca
pensara escapar de la torre de la canción (el poema inicial,
Animales Perdidos tiene esa rítmica particular del fantasma
Coheniano), la lírica del que llega a los cuarenta con pelo gris en
el pecho, con una melena rebelde, que reza a sus amigos porque no le
quedan mejores dioses (qué hermoso el poema dedicado a Raúl
Nuñez...las palabras sobre David González, Pablo Casares, Alfonso
Xen. Rabanal...), en cada parada del camino uno se imagina a Vicente
Muñoz Álvarez deteniéndose en una gasolinera, con el catálogo de
cintas de cassette donde ha grabado sus poemas, como aullidos
castizos. Mirar el cielo como un trabajo a tiempo completo.
Animales perdidos lo ha editado Baile del Sol desde su colección de poesía.
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