viernes, 2 de septiembre de 2011
Memoria de jóvenes airados
lunes, 29 de agosto de 2011
viernes, 26 de agosto de 2011
Despedida de Bodega Tuyus: Zombies españoles, Diego Vasallo y poemas de Leonard Cohen
Descargar aquí (a partir del minuto 22)
jueves, 25 de agosto de 2011
El bungalow de mis abuelos
Hasta ese verano mi madre siempre se había negado a pasar por delante del solar donde las obras languidecían desde hacía años. Allí, entre vigas inacabadas y cimientos abiertos al sol de Salou había estado el bungalow de sus padres. Me imagino a una jovencísima Carmen volviendo una noche cualquiera de un agosto cualquiera de los sesenta con la sonrisa iluminada y eterna (la misma que sigue curando cualquiera de mis males) después de haber conocido al Dúo Dinámico en una discoteca. Me imagino también a mis padres festejando en el paseo marítimo, a la altura de la estatua de Jaime I. Recuerdo también mis largas tardes allí, jugando con indios de plástico que se mezclaban en un diorama imposible con figuras mal esbozadas de soldados británicos, pegando junto a mi padre el cromo de Raúl Amarilla en el álbum de la Liga 86/87 y despegándolo después para llevarlo, enrabietado por su paso al Barcelona, a la sección de últimos fichajes. Y algunos años después, leyendo bajo el calor narcótico que se filtraba por el columpio, las aventuras de Bukowsky, en aquellas compactas ediciones de Anagrama que seguía compaginando con tebeos de la Patrulla-X. Mi padre, mi madre, yo mismo, cumpleañeros de agosto, en una sucesión de tartas y las noches de estrellas artificiales, con el rugido de los cercanos slammers, escuchando en silencio las conversaciones de los mayores. Los Tours de Perico, el sueño pesado acompañado de la radio deportiva. Después mis abuelos vendieron aquel chalet, yo hacía mucho que no me dejaba caer por la playa. Mi abuelo murió y mis padres, gente de costumbres como yo, empezaron a alquilar un apartamento en el camino entre el puerto y Vilafortuny, donde en los ochenta no había nada. El mes pasado, bien aprovisionado de tebeos y guías ciclistas (¿quién hubiera pensado que Contador nos iba a fallar?) volví de nuevo. Ana iba conduciendo y yo, mientras cambiaba los cedés, le desgranaba toda la mítica de los años dorados. La primera noche fuimos a cenar y a la salida del restaurante caminamos los cuatro hacia la manzana donde había estado el bungalow. Por fin llegamos a la intersección desde donde se podía ver el solar, ruinoso granito abandonado. Mi madre sostuvo la mirada unos segundos, luego se dio la vuelta y se alejó. Me adelanté unos pasos, le cogí la mano y se la apreté. Ella sonrió.
Cuento de verano aparecido en el Heraldo de Aragón del jueves 25 de Agosto de 2011
Leiber&Stoller
Hace unos días desayunamos con una triste noticia: la muerte de Jerry Leiber. Uno de los compositores más grandes de la historia de la música pop, el primer apellido de la dupla Leiber&Stoller. Los que como yo practican la noble afición de leer y memorizar hasta el último crédito de los discos -y aquí no me voy a poner exquisito, cedés o vinilos, vale todo si tienes la voracidad suficiente- los recordarán por ser los autores de "El rock de la cárcel" o "Stand by me", aunque en mi colección de favoritas se encuentran todos los hits que hicieron para The Coasters. Sí, señoras y señores, hablamos de palabras mayores, muy mayores. Elvis, Celentano o Silvio, otro grande, han cantado sus temas y nosotros, supiéramos o no quién los escribía, los hemos integrado para siempre en la memoria emocional de nuestras vidas. Ya no queda rebeldía en el rockandroll, los "Teddyboys" originales, los que compraron singles recién sacados de Sun Records, tienen más de setenta años y los rockers que se apuntaron a la movida en el revival de los ochenta languidecen en orquestas.
La música no murió el día que Buddy Holly se estampó con una avioneta en mitad de una tormenta de nieve – a pesar de lo que diga la hermosa canción "John Milner" de Gabriel Sopeña-, lo hizo cuando Elvis, atiborrado de emparedados de mantequilla de cacahuete, dijo basta. El exceso terminó con lo contestatario y cuando ahora uno escucha cualquier disco es difícil no detectar una sensación de vacío. Menos mal que quedan las canciones. Para mí es suficiente haber compartido unos cuantos buenos momentos con mi padre y sus cintas de rock clásico. Así que quizá sea el momento de grabar un buen recopilatorio, echarse a la carretera y acudir a la fiesta de coronación del Rey Criollo.
Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del jueves 25 de agosto de 2011
viernes, 19 de agosto de 2011
Cuarta entrega de Bodega Tuyus: Fanzines y amor analógico
Descargar aquí (a partir del minuto 18:30)
Habemus papa
No podía faltar la referencia a Love of Lesbian en esta columna de verano, que todos los seguidores de John Boy habrán identificado (a pesar de la incorrección semántica de la traducción). Esta visita papal cuenta con la aquiescencia de las autoridades, que juegan un papel claro en la búsqueda de comodidades y prebendas para las huestes (y digo huestes, no hordas) de jóvenes católicos, Pero aquí cada uno es responsable de sus acciones y los que han aprobado y facilitado la presencia de la cabeza de la Iglesia han sido los mismos a los que votamos, delegándoles, no lo olvidemos, la opción de decidir este tipo de asuntos. No caigamos presos de un laicismo mal entendido, aquel que se basa en el acoso y derribo de todo lo que tenga que ver con lo apostólico y romano; una parte de la sociedad española (la misma que trata de hacer desaparecer la Navidad del calendario festivo o nos sacude con felicitaciones del Solsticio cuando el paganismo aflora) se siente molesta por el despilfarro. La guerra de cifras, habitual en estos meses de estío, siembra de dudas al lego: uno no termina de saber muy bien si la llegada de Benedicto XVI es como una Expo Universal comprimida en unas pocas jornadas o por el contrario arrasará con las escasas provisiones del erario público. La religión católica no es un buffet libre, no se puede elegir entre lo apetitoso o lo políticamente correcto, pero la libertad de credo implica un respeto y mientras no se demuestre lo contrario, los seguidores papales son tan respetables como los animistas o los musulmanes. Estudié en un colegio católico y abandoné la práctica hace muchos años. Mis únicas visitas a iglesias en estos últimos años son para bodas o visitas turístico-culturales (pocos funerales, gracias a Dios, con perdón, claro). No soy parte de la juventud mundial más que nada por cuestión de edad y siempre he sido más de Albert Camus que de Teilhard de Chardin. Pero a mí, que venga o no el Papa me da exactamente igual. Lo que tengo claro es que un puñado de católicos guitarra en mano no me molesta en absoluto.
Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del 18 de agosto de 2011