jueves, 17 de enero de 2013

Padres e hijos


En los últimos días me he vuelto a enganchar a un coleccionable por fascículos. Aventuras galácticas, novelas gráficas de espadas láser y milenarios halcones perfectamente encuadernados. No dejan de ser los mismos tebeos que mi padre me compraba cuando salíamos a pasear en el verano de Salou. Íbamos por tiendas de saldo, tiendas para turistas aburridos, llenas de montones de libros baratos, de recuerdos absurdos, de cubos y palas de colores plásticos. Mi padre me compraba uno de esos tebeos y yo volvía tan contento al bungalow de mis abuelos con una de aquellas aventuras espaciales, previsibles y manidas, pero con un punto mágico. Sé que algún día mi padre no estará y que las historietas tampoco aguantarán demasiado el paso del tiempo, con la sal y la humedad de años. Por eso, y aún a riesgo de provocar un conflicto internacional con mi pareja, vuelvo a las andadas. ¿A qué viene esto, Octavio? ¿una de esas columnas de tipo emocional para enternecer a seguidores y amigos? Un poco de todo, la verdad...aunque estoy más preocupado por los hijos de Jordi Pujol. Con todas esas cuentas en países que suenan a selecciones de fútbol de las que se llevan goleadas en las fases de clasificación de los mundiales, con ex novias contando cómo llevaban billetes de cien euros en bolsas de basura gris como un alcalde de crónica rosa cualquiera. Con lo que ha peleado su padre por el engrandecimiento e independencia de la Cataluña de sus amores y sus niños, en vez de preocuparse por la erradicación del macho de la vaca (no sé si se puede usar toro y Cataluña en la misma frase) y por la eliminación de cualquier símbolo de lo español, se ven atrapados en objetivos más lucrativos pero mucho menos patrióticos. Me preocupa pensar que esto, como todo, viene de antiguo y que uno repite lo que ve hacer a sus padres, unas veces de manera mejorada, otras mucho, mucho más patosa.

Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del 17 de enero de 2013

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