sábado, 15 de mayo de 2010

BV80

He leído, he devorado más bien, las mil páginas largas de Noches de BV80 de Valtueña. El manuscrito, publicado por los Libros del Innombrable, recoge de manera meticulosa los intensamente prolíficos años que el mítico bar de la calle Doctor Palomar estuvo abierto. Una Zaragoza que balbuceaba modernidad en la España convulsa de Fuerza Nueva y maoísmo, de castañeras, picadillo y bocata de calamares. Me gusta leer sobre mi ciudad, que alguien me desvele los entresijos del “ander” patrio, todavía imberbe, sin internet ni descargas ilegales, con fanzines y tinta fresca de copistería analógica. El Pollo Urbano, Andalán, periódicos diarios de nombres imposibles que se han perdido en la noche de los tiempos. Me gusta que los políticos que aparecen en la narración de las noches alargadas a base de Dyc y Ducados, jeta y cheli, sean los mismos que ahora. Mismas caras, distintos plumajes. Del rojo, rojísimo al rosa pálido, del Larios peleón al Chivas proletario. Valtueña no se corta, no tiene pelos en la lengua, es su versión de la ciudad, supongo que alguno notará un escozor, sobre todo al recordar como con la llegada del alba salía dando tumbos, corto de presupuesto, dejando apuntado “lo que se debe”. Yo no estuve allí, tendré que creerle. Tengo que preguntarle a Valtueña si tenían ilusión aquellos días o ya se les notaba el toque relamido del que busca la poltrona… ¿políticos punkies o niños bien jugando a rockeros de chapa y chupa de cuero? Y el 23F, la ciudad paralizada, alguno pedía prestados coches para hacer sus cosas en Francia. De los errores se aprende, aquí —no como en Barcelona—salió mucha gente a la calle apoyando la democracia. Ya empezaban las diferencias cualitativas. Y acabábamos de comenzar la carrera.
Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del viernes 14 de Mayo 2010

jueves, 13 de mayo de 2010

Especial Espíritu Margot: Valtueña y Noches de BV80

Tuvimos al ínclito Valtueña en Comunidad Sonora y además de encanarnos de risa un par de veces (pocos programas de música aragonesa son tan divertidos como el nuestro, bien no sé si lo haremos, pero echarle ilusión y buen humor, los que más) descubrimos que Valtueña es el Malcom McLaren maño. Y escuchamos a Cocadictos, Aborígenes del Cemento y Mas Birras. Yo hice a Louisiana y ahora me los quieren quitar.


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como diría David Mayor...nosotros somos los otros rollos

Ayer me quedé sin actuar en la fiesta de presentación de Noches de BV80. La lluvia. Digo que me quedé porque Luis Cebrián se marcó tres temas (Órbita de NV y One de U2, más Tu futuro con Santi Rex) sin micrófono y con la acústica a pelo. Celebramos la bajada de salario de ZP (claro, votáis en caliente y qué nos encontramos...pues eso) volviendo al tugurio favorito de las hermanas Lacarta y un servidor en la calle Heroísmo y más contentos que unas pascuas a dormir. Hoy me he levantado a las 6.15h y no me lo puedo creer, con lo que yo he sido. A las 9:30h he visto a Dalton Bert, puedo jurarlo. Nuevos apoyos a la militancia desde varios sitios: aquí, aquí, aquí y la crónica global del Maquinista. Hoy seguimos con la programación y esta noche Páramo y López, que suena a calle o presidente de república del XIX. Let´s grooves, sobrevivo, siempre sobrevivo.

lunes, 10 de mayo de 2010

Crónica de La Militancia en la Campana de los Perdidos


No nos pongamos demasiado cursis, que fuera domingo por la noche, las velas encendidas, la primavera recuperada, el vino a pequeños sorbos, la poesía…no, nada de eso, unos cuantos amigos reunidos en torno a sus versos, los de los demás, las guitarras, las proyecciones, una calabaza y tres o cuatro referencias ineludibles (José Luis Cuerda, Luis Buñuel, Perico Fernández, Ángel Cristo o David Giménez). Última entrega de los recitales organizados por Juan Luis Saldaña y la II Muestra de Popyrock y Otros Rollos en la Campana de los Perdidos. Las penúltimas hornadas, nacidos en el 78 —curiosamente todos a excepción de Ana Muñoz—, fanzineros, roqueros, profesores, comunicadores, mil especies que confluyen en un atril, una luz tenue y el verbo fácil del que sabe que las palabras no pueden quedarse sólo en los libros, que pide un extra, una pérdida del miedo a lo académico…en realidad, la militancia. Abrió el fuego Juan Luis Saldaña, sin afeitar, orientalizando, llevando bien fuerte el aura de negativo perdido de un fotomatón, zombies, boxeo, el gracejo habitual del que ofrece y abraza, una vez más, la militancia. Después Ana Muñoz, guapísima, con los dedos todavía tibios de guitarras acústicas y lametazos de clarinete, leyó a Lorenzo Oliván, a Jorge Boccanera, a las poetas rusas de nombres impronunciables, liviana en las anécdotas interpretó una declaración de lírica filial inédita absolutamente hermosa en su cotidianidad. Enrique Cebrián cada vez más suelto, tiene muchos libros entre manos, una pluma contenida, lecturas abundantes, amor por Zaragoza, por las formas femeninas, por el reguero que deja la amistad entre las calles sucias después de una noche de juerga. Carmen Ruiz y su falda de tubo imposible, embriagadora en su letanía, cercana como una actriz del free cinema, respaldada por una poesía que se desborda a cada minuto. Desde lo más profundo de la región llegó la Europa del Aborigen: Víctor Guíu en el micrófono, Pedro Mata en la imagen y Víctor Monzón en el clarinete y los loops. Poesía colectiva en mutación constante, de la aridez buñuelesca a la intimidad de los momentos atrapados en el polvo. Fue una revelación, dentro de un escenario tan adecuado como el de la Campana de los Perdidos, la presencia de La Europa del Aborigen, sincréticos (que no sintéticos) e impactantes. El cierre, con poemas de Ana Lacarta y de nuevo Carmen Ruiz, con los 50 sentimientos de David Giménez desde Remolinos, con los Experimentos in da notte en plan generacional y, como no podía ser de otra manera, si uno entiende por poeta el que hace magia con las palabras y la música, Luis Cebrián, el más grande de todos, de la nasalidad de Dylan a la pasión de las canciones hermosas. La militancia, la militancia….



Foto de Gustaff Choos

Gracias a Pati, Sole, Ana, Chus y todos los que se acercaron...

Noches del BV80 y otros rollos




Estoy leyendo Noches del BV80 de Valtueña, que ha editado Libros del Innombrable. Primero porque esa época me fascina, todo lo que concierne a los primeros años de democracia, el pop en la ciudad antes de la fagocitación de los Héroes del Silencio, pero también teatro y poesía, nombres que resisten el paso del tiempo, ácratas infinitos de Dyc y ducados. El libro está muy bien escrito, son más de 1000 hojas y estoy realizando una primera lectura errática, picoteando de un lado y del otro, más que nada porque tengo mañana a Valtueña en Espíritu Margot y no me da tiempo a mascarlo todo. El miércoles estaremos tocando unos temas en acústico Luis Cebrián y yo (bueno, y si Richi se apunta también) en la presentación en el Centro de Historia.

La parte literaria de la Muestra de PopyRock y otros rollos funcionó bastante bien, en la presentación de libros más larga del mundo se fueron colocando semillas que pueden germinar si Juan Luis Saldaña le da continuidad el año que viene. Nos lo pasamos bastante bien, la verdad. Y ayer en la Campana fue muy íntimo y divertido, gente poquita, pero calidad y compañerismo todo el del mundo. Yo estuve muy cómodo, la verdad.

Te echaba de menos.

Ya hay portada...Vinalia Trippers feat Plan 9


...desde el espacio exterior. Nuevas mutaciones del fanzine más señero del ander hispano. Amigos, aliados, zombies y demás fauna deambulando por sus páginas. Mi texto está acompañado de una estupenda ilustración del maestro Santi Jurado. No mires atrás, no busques el final del pasillo iluminado, no pienses que el parpadeo metódico y extraterrestre te salvará. El blog del proyecto.

viernes, 7 de mayo de 2010

La militancia

El abrazo analgésico de tu madre aunque falles en el intento, cinco minutos de conversación futbolística intrascendente con tu padre, un episodio mil veces repetido de los Simpsons con tu hermana y una bolsa de patatas fritas. La vuelta sorpresiva del cierzo a la ciudad que te permite seguir luciendo la inmortal combinación dandy de americana y foulard, un menú del día en un restaurante japonés en el que todos hablan coreano, tostadas y café muy negro, negrísimo, en la mañana del domingo mientras escuchas a Miguel Mena en la radio, sin prisas. Ese bebé rubio que es el primer hijo de tu mejor amigo, aprobar a la sexta el carnet de conducir, el olor a tebeo nuevo cada vez que abres un tomo reciente de “Hellblazer”, el vapor del arroz impregnando un periódico viejo mientras descorchas el vino, las palmas de las mujeres cuando el pinchadiscos suelta sus dedos sobre una rumba, las antologías de relatos cortos de terror en librerías de saldo, las películas de Truffaut, “Memorias de un seductor” de Woody Allen, las chicas del “free cinema”, Gainsbourg y Sergio Algora, el “This charming man” que cantaban los Smiths, todas las letras de Miqui Puig. Un single de vinilo de una banda de surf madrileña, las plaquettes de poesía, los fanzines de los noventa, los cedés grabados y personalizados con portadas a mano, el continente a la altura del contenido, la genialidad diaria e infinita de Luis Cebrián, los miércoles que son los nuevos jueves, los jueves que son los nuevos viernes. Mirar a los ojos a la vida y aguantar a base de cosas sencillas. Yo, que sufro con el aumento descontrolado del paro en España, que contemplo impotente las cenagosas aguas de nuestra política, la perversa lucidez de los sectarios abrigados en sus orillas, que pienso siempre que no se ve luz en la estación que se avecina, sé que lo único que nos salvará será la militancia. La auténtica militancia en la vida.

Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del jueves 6 de Mayo de 2010