jueves, 21 de julio de 2011

Los ciclos de julio

La acumulación de redes sociales nos permite repetir la misma sentencia ingeniosa en miles de sitios distintos, en busca de la notoriedad efímera de una sociedad que vive al instante, arrojando al olvido, como si de un periódico abrasado por la sal y la humedad de la costa se tratase, lo que hace unos meses era importante. Sin noticias del resurgimiento de Godzilla en el país del sol naciente, ni rastro de las epopeyas en aras de la libertad de los ciudadanos del norte de África, nadie recuerda el alboroto de una parte de la ciudadanía en los días de acampada y agitación. Es extraña esta calma de julio, sin series de éxito que descargarse, alimentados de saldos veraniegos y de monótonas tachaduras en el calendario a la espera de las vacaciones. Todo cuestión de números, la deuda que dejó el anterior Gobierno en Castilla La Mancha alcanza estadios propios de un país bananero, de esos que salían en las aventuras coloniales de Tintín, otro personajes habitual del verano preadolescente. Al final todo es cíclico: las obras en las arterias de la capital aragonesa, la derrota de Argentina en la Copa América, hasta el Tour de Francia acude puntual a su cita sobresaltando las siestas de los españoles. Es hermoso mantener las viejas costumbres y buscar ansiosos las clasificaciones parciales entre el barullo de cifras sobre la calidad de deuda del país, la narración de las noches torrentianas -por desbocadas y por afinidad con el personaje de Santiago Segura- de senadores canarios. Es perenne, por desgracia, la expansión renovada de los afines al terrorismo en los cargos públicos guipuzcoanos. San Fermín y la Vaquilla, los animales azuzados que con muy poco tino siguen comparándose con la lidia. Ha vuelto Luisa Fernanda Rudi, como volvió Zalba a la presidencia del Zaragoza. Veremos qué sucede, por ahora no está perdonando el calor en este julio aragonés.

Columna aparecida en el Heraldo de Aragón del 21 de julio de 2011

Una serie que me alegra el verano: Falling Skies



























Llevo cinco episodios de esta estupenda serie de caracter apocalíptico que acaban de estrenar en esta temporada veraniega. El 90% de la población humana ha sido exterminada por una raza alienígena de seis patas y solo unos pocos sobreviven formando una resistencia frente al invasor. Es interesante el detalle de que los invasores lanzaron un pulso electromagnético, con el cual la mayor parte de los aparatos electrónicos han quedado inutilizados y, por ejemplo, solo funcionan las radios de bobina. Mezcla Day of the dead (con sus conflictos entre militares y civiles, los invasores silenciosos...) con una nueva versión de V en la que los alienígenas tuvieran aspecto monstruoso y tendrás Falling Skies. Material de calidad para freaks, pasados y gente con ganas de apocalipsis.

miércoles, 20 de julio de 2011

Reseñade Smoggin´your mind de los Smoggers (Clifford Records, 2011)


Una buena armónica para empezar la fiesta, una voz que surge del abismo para pedir libertad y unos coros femeninos cargados de urgencia, no está mal para abrir el EP de The Smoggers, Set me free es un corte de yeyé arcano, de esos que nos hacen seguir creyendo en la religión de lo analógico. Seguimos con Silent spring, con la vena del cuello surgiendo como una advertencia, de ritmos básicos, herético, el amplificador en la esquina de la cueva y la frase fundamental: I wanna, I wanna. Aceleramos hasta She says "I dont care" con solos de guitarra esqueléticos, salvajismo de Malasaña y esa armónica blusera que te llega hasta el hueco que dejó tu alma cuando la vendiste al demonio. Waiting for you love, con los bajos retumbando, aguantando este mono que tengo de ti mientras escucho a The Smoggers. La cara b, como no podría ser de otra manera, se abre con un tema de muertos vivientes, Reverb Zombies, con el sabor twang de una banda sonora imposible de una película de serie Z de la que sólo existe un cartel arrugado en el local de ensayo. Hello, una declaración de intenciones, nos relamemos esperando a que la luna llena aparezca sobre el pantano porque será el momento de lo sucio. Como un aullido que recorre la noche, así son Dirty Lives, invocación a Screamin Jack Hawkins, las marcas del vudú, la sangre caliente y cerramos con The Losing Games, con el fantasma epiléptico de Lux Interior marcando el ritmo


El disco, grabado en los Estudios Circo Perrotti de Gijón, tiene el sabor añejo de las grabaciones analógicas, esas que solo suenan bien con el corte de acetato del vinilo. Garage del bueno, del que te hace bailar hasta que las extremidades deciden montarse la fiesta por su cuenta, porque sí amigo, Smoggin´your mind de los Smoggers te fundirá el cerebro... si todavía no se te lo han comido los zombies.

Reseña de Fire at will de The Poppers (Clifford Records, 2011)

Hace unas semanas me llegaron algunas de la novedades de Clifford Records en formato vinilo, estos días de verano iré sacando tiempo para comentarlas. La primera, un miniLP de The Poppers, con una estructura curiosa, la cara A contiene canciones de la banda grabadas en estudio y la cara B un miniconcierto acústico con los mismos temas más una campestre revisión de Sheena is a punk rocker de Los Ramones, con aroma casi caribeño -no puedo evitar recordar la que Pecker hizo con ukelele de I wanna be your friend- en la FNAC Vasco de Gama de Lisboa. El disco se abre con la potencia nugget de Drynamill, tensión eléctrica de primera división para abrirse casi hacia la psicodelia que se cocinaba en los puertos británicos en los sesenta. Lady what does it take to be your lover? Tiene un punto macarra, con la dicción del Pete Doherty más lúcido y es capaz de jugar con arreglos de voces muy logrados para llevarnos a las orillas de lo americano. El tercer corte, Mrs. A, tiene una línea de bajo de una fuerte contundencia melódica que nos lleva al pop poderoso, a lo divertido del primer punk, cerrando el ecléctico repertorio She´s on my mind, acústicas y percusión juguetona para un tema delicioso.


Una pieza delicada, de pop atemporal, este Fire at will de The Poppers y un aplauso como siempre para Clifford Records por seguir apostando por el vinilo y los formatos minoritarios.

La bolsa de pipas número 82


Un lujo cada vez que recojo en casa de mis padres el paquete que me manda Román Piñá desde Mallorca. Sé que es el nuevo número de La Bolsa de Pipas, una de esas escasas revistas de literatura, con corte alternativo, abiertas y divertidas. Hay espacio para poesía, relatos y pequeños ensayos, que se complementan con reseñas, experimentos literarios e ilustraciones de una sola página que además de hacerte esbozar una sonrisa consiguen transmitir con una imagen. Extraño la sección dedicada a letras de bandas independientes, que siempre daba mucho juego, pero no puedo más que celebrar la continuación de este proyecto.

Reseña Los últimos bañistas (Ernie Records, 2011)






La música española está vivendo una buena época. No hablo de la industria, hablo de las posibilidades que se abren cada vez que uno coloca en la pletina o en el tocadisco una nueva referencia de alguna banda. Letras trabajadas, melodías que juegan con referencias anglosajonas pero son capaces de aportar una cierta originalidad de arreglos fuera de los estándares...un ejemplo claro lo tenemos en el nuevo disco de Los últimos bañistas, un LP notable en el que influencias como las de Standstill son evidentes, por ejemplo en Febrero, pero también tienen tiempo para remitir a bandas del ruidismo sónico de los noventa argentinos, Babásonicos o Estelares, fusionando electricidad y narcosis en ¿Cuál es? Lo ves, o manejando el susurro acústico en Esto es revolución. Pop de alto voltaje, guitarras a flor de piel, la penuria tóxica que trae la fragilidad. El primer corte, Nadia, es un tema magnífica, de potencia sureña, en la vertiente que alimenta a las bandas del sur con los efluvios de Granada. Los últimos bañistas despachan en diez canciones un catálogo de melodías resultonas donde la voz de Manu Gil arrastra al oyente a estadios de afinidad emocionad hasta el burbujeante final de Tan lejos hasta volver

martes, 12 de julio de 2011

Ha vuelto Torchwood


Cuando uno había abandonado la esperanza de volver a ver al capitán Jack Harness, el soleado julio me ha traído una buena sorpresa: el primer capítulo de la cuarta temporada de Torchwood. Planeado como un spin-off del Doctor Who (ahora mismo estoy viendo la temporada en la que Jack Harness hace su primera aparición, en pleno bombardeo alemán de Londres), la serie conoció dos temporadas estándar (donde se veía un planteamiento más adulto que la serie del Doctor, con violencia, muertes y sexo interracial-y por razas me refiero a los que viven en distintos planetas-) y una tercera que era una miniserie de cinco capítulos. Cuando todo parecía perdido, los tenemos de vuelta y haciéndome salivar esperando la segunda entrega: de Gales al mundo, Torchwood manda (ya no tendré que alimentarme de sucedáneos baratos como Sanctuary o Almacén 13).

¡Y claro, Eve Myles, los mejores pechos de las islas británicas!