martes, 3 de mayo de 2011

El inicio, el desencanto y el círculo de confianza de Copiloto (GELMAR, 2011)


Llega por fin a nuestras manos el tercer LP de Copiloto (cuarta referencia si tenemos en cuanta el Ignatius EP), sin duda su mejor disco a nivel de producción y arreglos, exigente en los detalles y cuidado en las formas, donde las guitarras y los pianos conviven en la frecuencia natural que lleva años generando los modos del pop anglosajón. Un disco de clara herencia Beatle, pero donde también las costuras remiten a los Beach Boys más orquestales o puntuales incursiones en la psicodelia más lírica. Canciones notables (Salvar el Día y el Modelo de Watson y Crick, sobresalientes) que vuelven a remitir a la madurez generacional y la neblinosa perspectiva que nos trae el mañana. Se abre con Prêt à Porter, las trompetas que abren un mundo, el de Copiloto, que no se amilana frente a las revueltas populares de la electricidad. El piano sostén de Dotes innatas, un texto donde se condensa la madurez y las nuevas preguntas que nos llegan con la edad. Sorprende el guiño a los grandes del piano rioplatense (sobre todo Fito Páez y su filia por las cuerdas bien tocadas del Circo Beat). Se lo tengo que decir, un punto más macarra, más mancuniano, es una canción de electricidad que alaba las percusiones y el sitar con el que Rafa Domínguez adereza el tema mientras los coros crecen (de nuevo, un excelente trabajo en las voces). Lista de convocados es un tema muy Lennon, que Copiloto estrenó el pasado verano, parapetado tras el piano, un juego literario de metáforas futbolísticas para hablar de la vida, simplemente. Con Salvar el día vuelve el auténtico sonido Copiloto, fresco pero con un punto melancólico, es una de sustentos fundamentales del LP, como el siguiente, El modelo de Watson y Crick, single de adelanto del disco, donde todos los componentes del universo Copiloto bullen hasta darnos lo que estábamos esperando: una canción perfecta. Ayuda internacional tiene el poso narcótico de la poesía junto al vodevil que le otorga la tuba, una canción de mañana de viernes, cuando no queda nada para las vacaciones, dos contra el mundo, ya sabíamos que al final esto nos iba a pasar. SP con la voz a lo Françoise Hardy de Ana Muñoz, puntea las cuerdas con la suavidad del despertar de la siesta, arreglada a base de pisadas sobre hojas secas y pinceladas de sintetizador. Canción confesional, Que tu suelo se mueva, mordisqueando las horas esperando la vuelta de la tormenta eléctrica. Direcciones y flechas mira hacia los noventa españoles, los de La Granja y otros grupos olvidados, saboreando el juego de banda de los excelentes músicos que acompañan a Javier Almazán en el Círculo de Confianza (Jorge en bajo, Javi en batería y Pozo en solista). Toca terminar, Ya me conoces, el Almazán que ve pasar la modernidad y sólo espera que alguien diga, es tiempo de volver con quien quiero, no me hace falta mucho más que un piano y un par de sonrisas.

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