lunes, 27 de diciembre de 2010

reseña del nuevo single de Copiloto: El modelo de Watson y Crick


Tener un single de adelanto en las manos, con su cara B inédita, los créditos de una grabación de ebanista...no hay placer mayor. Copiloto adelanta su próximo LP, El Inicio, el Desencanto y el Círculo de confianza con una canción redonda, El Modelo de Watson y Crick: voces empastadas hasta rozar el vodevil, el piano sosteniendo la melodía mientras la canción crece como una cinta de Moebius, sixties lúcidos, guiños a las latas y las bombillas, también al hombre en la luna, y una banda que sigue la jugada hasta el final, solvente y compremetida. El que aquí firma estaba asustado por el exceso de teclas, de blancas y negras, pero la capacidad como compositor de Javier Almazán ha alcanzado un nuevo estadio, de una riqueza sobresaliente y que sorprenderá a más de uno.


La cara b, una miniatura de ukelele de esas con las que Copiloto nos regala de vez en cuando: Hoy parece que no estoy muy por la labor de acabar con esto. Ukelele y percusión, juegos vocales de alta escuela, menos de un minuto y medio, la canción perezosa que nos hará sonreír.


Salivando nos dejas, Copiloto.

sábado, 25 de diciembre de 2010


Regalicos de Nochebuena...(gracias mamá)



Los regalos de mi abuela y de mi tía Lola: Santos que yo te pinte de Julián Rodríguez, La cámara oscura de Georges Perec (traducida por Mercedes Cebrián, la que hace cumplir los sueños a la vuelta de Granada), Un tiempo libre de Juan Marqués, Poemas (1962-1969) de Pere Gimferrer, La cacería salvaje de Hellboy (Mike Mignola) y un par de números de Walking Dead que me faltaban...

Lo mejor del año 2010 en literatura aragonesa


Este año he leído poca literatura aragonesa, no sé si es bueno o malo, no sé si es una cuestión de ciclo o de apertura, así que no me puedo poner a hacer un listado absurdo con cuatro o cinco referencias, eso sí, me han gustado bastante: Diez pequeños indios de Sherman Alexie (Xordica), Últimas jornadas en el paraíso de Eduardo Boix (Eclipsados), Cuaderno de la Sal de Carmen Beltrán (Los Libros del Señor James), Jóvenes y guapos de Aloma Rodríguez (Xordica), Calderilla de Raúl García (Eclipsados), los poemas inéditos de Manuel Vilas en Amor (Visor), La noche del armadillo de Ana Lacarta (Cartonerita niña bonita), Yin (Olifante), Fall River de John Cheever (Tropo Ediciones), De parte de marte de José Luis Esteban (Teatrola), Mangueras rojas y azules (Los Libros del Imperdible), Nos vamos de este mundo de Grassa-Toro (Teatrola), Tratado sobre la oscuridad de Antonio Romeo (Hobokin)...y ayer me regalaron Un tiempo libre de Juan Marqués (La Veleta), aunque es de hace dos años.

y todos los que hemos publicado este año en Comuniter: tanto con Voces de Margot como en Resurrección (Ortiz Albero, Juan Luis Saldaña, Christian Peribáñez, Carmen Ruiz Fleta, Lucas Rodríguez y Magdalena Lasala).

Y la ilusión que ha sido aparecer en libros como Simpatía por el relato (Editorial Drakul), Plan 9 (Vinalia Trippers) o la próxima aparición de Nocturnos (Origami) y Beatitud (Baladí)

viernes, 24 de diciembre de 2010

Teóricamente imperfecta de Domador (King of Patio, 2010)



Después de una serie de maquetas sobresalientes, un primer LP ligeramente fallido y un directo donde la experimentación, el pop y la literatura pánica se mezclaban en perfecta simbiosis, a Domador sólo les quedaba la electrónica. Espera, para un segundo, rebobina, eso es... por qué no dices la verdad (¿Que yo también quiero ser importante? No, eso no...). La verdad en este tiempo es algo relativo, como el concepto de canción, empiezo a pensar que a la electrónica ya sólo les queda Domador. Teóricamente imperfecta (disco del año en la música aragonesa 2010 según Espíritu Margot) se abre con una canción absoluta, Nuevos experimentos con la muerte, donde la imaginaría de los Niños del Brasil consigue que el tecnopop resulte auténtico. La postmodernidad exige autorreferencias y reciclaje, entre la basura digital encontrarás las últimas crónicas de los Hombres Farolas. Los Invertebrados es la máquina nova cociendo a fuego lento los sueños más ácidos de William S. Burroughs. Pop pánico pasado por secuenciadores, Dawn of the dead (canciones sobre helicópteros en el apocalipsis zombie) películas de serie zeta japonesas, un número perdido de Planetary, proclamas para una revolución que ya ha terminado y de la que no hay reseña alguna en los libros de historia, instrumentales de relleno, ruido de fondo en un televisor analógico, arreglos compuestos con un teléfono móvil de segunda generación (has escuchado Chica calva, chica feliz, todo el mundo dice que es su single), La tercera guerra mundial sigue la escualidad lírica de De Vito para proclamar que la verdad está en lo repetitivo y Be caos iterará hasta que arrastramos nuestras neuronas epilépticas al siguiente motel (allí un instrumental sin título balbucea versos paganos). Abre el interfase y recibirás cinco minutos de descargas para terminar, Cabeus o como abrir la caja del diablo sin instrucciones.

De sombras y sueños de José Ignacio Lapido (Pentatonia Records, 2010)



Fui un “Lapidiano” tardío, lo confieso, pero un día compré un saldo de 091, de esos con los que las compañías, como monstruos de Lovecraft, extienden sus reptantes miserias. Amalgama de canciones que sonaban a lo que tenía que sonar la vida. Luego vi una antigua foto de Jose Lapuente con una camiseta de la banda de Granada y una noche me explicó que Lapido había marcado la línea y que a partir de entonces sólo nos quedaba caminar sobre ella. En estos tiempos consumibles los discos no se escuchan, sólo dejas pasar rápido las canciones y las olvidas. Los de Lapido han vertebrado mi imaginería durante años, En otro tiempo, en otro lugar es una obra magnífica y con este De sombras y sueños, he visto la película más de una docena de veces. Se abre con El más allá, un tema por el que Nacho Vegas mataría. Lapido no quiere convencernos que vive a la orilla del Missisipi, todo lo que tiene te lo enseña con cada acorde. Una banda muy engrasada, básica y eficiente, con la hermosa pincelada de Eva Amaral en Doble salto mortal, casi de cajita de música, de nana amarga o en Antes de morir de pena, que tiene un poso narrativo tan deslumbrante que casi asusta. Señor Lapido, con su permiso, me llevo sus canciones a la carretera, creo que no hay ley escrita que lo impida, escucharé Sueños que dejamos ir mientras trato de recordar dónde están las cassettes de Roy Orbison que mi padre me regaló. Claro, todo el mundo habla de Kike González y yo no lo entiendo, me gusta tu estilo, pero eres demasiado joven como para entenderlo. Asumamos que La hora de los lamentos es superior a A hard rain is gonna fall y que Miguel Ríos puede ser el ángel que nos salve de la devacle. Canción del año, con la épica justa para golpear la pared hasta la extenuación. Olvidé decirte que te quiero, con su candencia de blues terminal, recuerda el tiempo en el que nos juntábamos en las encrucijadas y susurrábamos versos antiguos esperando convocar a los demonio del delta. Las imágenes de Cansado me hacen recordar por qué disfruto con Manolo Tarancón o Hendrik Roever pero siempre espero que el poeta eléctrico vuelva. El Lapido más rockero hace su aparición en Lo creas o no, con el fantasma de Strummer sobrevolando los amplificadores, hazlo fácil, pero hazlo con sinceridad, es lo único que te pido. Es el momento de volver a tomar la acústica y reivindicar la parte más narcótica de la vida, ¿existe lo mesiánico en lo cotidiano? , algo así nos cuenta Nadie espera. Algo falla, volvemos a finales de los ochenta, camisas de lunares blancos y patillas fuera de onda, el día que grabaste en VHS el último baile y pensaste que la su ausencia (la de ella) era tu particular Nofuture. Dime que camine despacio a tu lado y te silbaré tonadas que rebotarán contra Paredes invisibles, una vez que pasó el huracán uno no sabe qué hacer, los escombros tienen mala pinta y tu locutor favorito hace mucho que dejó de emitir.
Tú que hiciste aullar a los profetas, diste aguardiente a los ancianos y regalaste frutos secos a los niños, que se haga la luz a tu alrededor para que así veamos que has vuelto a esconderte.

Chicle de Max Capote (Ojo Música 2010)



Las andanzas de Max Capote exigen tener siempre soda en la heladera para poder combinar con gracia. No vale un refresco cualquiera, porque el sabor, como el de las bocas que besas, tiene que ser muy preciso. Como un Xavier Cugat a la orilla del Río de la Plata, tenemos ese aroma de bolero de aguardiente, cuando la banda del hotel ha dejado de tocar los malos covers del pase y se deciden a hacer un tema lindo, con voz quebrada e instrumentación canalla. Menos psicótico que Daniel Umpi, con un corte de americana más blues que Sergio Pángaro, cuando uno escucha Culpable sabe que pasar las noches solo es un insulto a la vida. No te voy a convencer es tan fronterizo que no sabes muy bien qué países separa (ahora mismo es lo menos importante, la verdad), y luego llega la versión de Perfidia, con el toque marciano suficiente como para que uno pondere la opción de subirse al contrabajo y volar al espacio exterior en busca de los besos más extraños de la galaxia. Mambo para diabéticos, balada tétrica y suburbial en Hermano y un órgano surgido de lo más profundo del pantano para sostener Y ahora estás llorando, como un crooner desabrochado que vuelve tambaleante del baño. Con la versión de Azuquita pal´café de El Gran Combo, cerramos este inmenso catálogo de vitalidad en forma de canciones, trompetas y maracas, tengo cerillas suficientes para prenderle fuego al mundo, ¿te animas y me acompañas?